¿Tengo depresión post vacacional?

Es frecuente, que después de las esperadas vacaciones de verano en las que hemos podido disfrutar de amigos, familia, playa, montaña, viajes a lugares lejanos que hemos planificado durante meses, horarios distendidos, días faltos de las agobiantes rutinas que organizan habitualmente nuestra vida, no nos encontremos radiantes y pletóricos con la vuelta a lo cotidiano, dispuestos a enfrentarnos con las pilas cargadas a este mes de septiembre que se presenta lleno de proyectos y propósitos, sino muy al contrario, posiblemente sintamos que algo falla y nos encontramos con una situación muy diferente a la que suponíamos.

Patricia Amaro López
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Consejos prácticos para identificar la depresión post vacacional, prevenirla y combatirla

Cuando parece que algo no encaja en nuestra vuelta a la realidad, cuando el mecanismo de adaptación a lo cotidiano no funciona, aparece lo que llamamos depresión postvacacional o síndrome postvacacional, que se suele manifestar con síntomas físicos y psicológicos.

Dentro de los síntomas físicos, los más frecuentes son el cansancio, las dificultades para conciliar o mantener el sueño o para tener un sueño reparador, el dolor muscular y la falta de apetito o la desorganización en las comidas.

Y dentro de los psicológicos, encontramos síntomas ansioso depresivos, que abarcan desde la irritabilidad o el nerviosismo, hasta la tristeza o la apatía.

Este cóctel suele conllevar un desajuste importante que genera bastante malestar en las personas que lo padecen y suele ir acompañado por una importante falta de compresión del entorno o por una actitud que infravalora la situación.

Menospreciar este síndrome no nos ayuda a comprender qué nos pasa, ni por supuesto cómo mejorar o cómo evitarlo.

Algunos consejos que nos pueden ayudar a no padecer este síndrome pasan por evitar el desajuste total durante nuestros días de descanso. Podríamos pensar que disfrutar al máximo y a tope cada segundo de nuestras vacaciones nos hará descansar más y podremos volver a la rutina con mayor sensación de plenitud y de haber descansado, lo que en teoría nos produciría una mayor sensación de bienestar y una mejor vuelta a lo cotidiano. Pero lejos de ser así, lo que conseguimos es justo lo contrario. Es muy recomendable para reducir el síndrome post vacacional que no volvamos con el tiempo justo para incorporarnos a la rutina, sino que podamos tener unos días de adaptación progresiva. También es recomendable, en el caso de que sea posible, no disfrutar todos los días de vacaciones juntos y partirlos en dos bloques.

En resumen, cuanto más nos distanciemos de nuestra rutina y menos tiempo dejemos para la readaptación progresiva, más difícil será la vuelta a nuestra vida cotidiana y más fácil será que aparezca este síndrome post vacacional. Y por supuesto, si nuestro trabajo nos gusta y en general nuestra vida nos parece satisfactoria, más fácil será la vuelta.

Cabe hacer una mención especial a los niños y adolescentes que, por supuesto, pueden sufrir este síndrome y que también necesitan unos días de adaptación progresiva después de unas largas, a veces larguísimas, vacaciones de verano. En estos casos convendría prestar atención al ajuste del niño o el adolescente al centro escolar. En los casos en que los niños o adolescentes no estén bien integrados o tengan algún tipo de dificultad, ya sea con los compañeros, profesores o en lo académico, la vuelta a la rutina será más dura y por lo tanto habrá mayor riesgo de que aparezca este síndrome post vacacional.

Y ahora, ¡mucho ánimo con septiembre!

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