¿Por qué tenemos que seguir hablando de mujer y trabajo?

Año tras año celebramos el día de la mujer trabajadora, como homenaje a aquellas víctimas de la barbarie
asesina pero también como un reconocimiento al esfuerzo constante y deliberado que las mujeres estamos
haciendo para normalizar nuestra participación en todos los ámbitos y niveles de la actividad social.

Isabel Aranda

Dra. en Psicología. Vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid
Isabel Aranda

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¿Hay diferencias con el trabajo de los hombres?

La realidad es que sí, porque hay unos problemas marcados y específicos en torno a las mujeres y el  trabajo. Algunos parecen que se han ido solventando -al menos en el mundo occidental-, como la cuestión de si las mujeres podemos trabajar y ser retribuidas por ello.
Otros temas, sin embargo, siguen estando presentes y condicionan la forma en cómo nos relacionamos las mujeres con el trabajo y los resultados que obtenemos.
Diez limitaciones actuales con las que nos encontramos las mujeres en el trabajo:

  1. Hombres y mujeres hemos asumido los modelos masculinos de trabajo y aprendido que, para trabajar, hay que hacerlo como los varones. Llevamos años hablando del liderazgo masculino, basado en el ganar-perder frente al liderazgo femenino basado en la atención a las relaciones, el ganar-ganar, la colaboración y el trabajo en equipo. No es ajena la presencia masiva de las mujeres en empresas que destacan precisamente por su carácter evolucionado donde la colaboración se ha convertido en un elemento de su esencia corporativa.
  2. El poder masculino. Se sigue prefiriendo a un varón como jefe. Sólo con un gran apoyo legislativo que obligue a las empresas, se está ganando cuota en los Comités de Dirección. De lo contrario, se mantiene un modelo claramente discriminatorio, las mujeres en la cadena operativa, los varones en la dirección.
  3. Seguimos ancladas en un “suelo fangoso”, la propia sociedad, la familia y nosotras mismas damos por válida la adjudicación del papel de cuidadoras. Hace falta una política de horarios y dedicación laboral diferente, promocionar el tiempo parcial que facilite la integración de todas nuestras responsabilidades y no nos obligue a tener que escoger.<br>
  4.  El “techo de cristal” existe. Quienes eligen a sus equipos siguen siendo directivos. Muchas mujeresrenuncian a plantearse una trayectoria profesional de mayor nivel porque ven las prácticas en suempresa por las que, en igualdad de méritos o incluso superiores, se elige para promocionar a los varones.
  5.  El “techo de cemento”, ese paradigma laboral de referentes, creencias, modelos es, con más frecuencia, limitante.
  6. Tenemos que estar demostrando continuamente lo que valemos. Nos llaman por nuestro
    nombre de pila con más frecuencia frente a los varones con los que se utiliza el nombre y apellido.<br>
  7. Somos más juzgadas por nuestro aspecto que por nuestro desempeño. Para prueba los presentadores de los telediarios, ¿tienen la misma edad y atractivo ellos que ellas?.
  8. Asumimos que el permiso de maternidad es un freno en nuestra carrera en vez de poner en valor el aporte diferencial que supone traer un nuevo ser humano a la sociedad.
  9.  Desde hace pocos años, a nosotras nos besan y besamos para saludar en entornos laborales. Se invade nuestro espacio de intimidad sin respeto a nuestra dignidad.
  10. El paradigma masculino que concibe la dedicación a la actividad “de sol a sol” y no con criterios de
    eficiencia, calidad, mérito y rentabilidad. Mantener unos horarios “absolutos” de trabajo incompatibles con la vida personal, familiar y social no sólo impide la conciliación, impide las carreras profesionales y el bienestar personal.Definir los problemas nos orienta a resolverlos. La opinión pública ahora importa; responsabilidad interna, equidad, justicia organizativa, horarios racionales, hagamos que esos valores marquen la diferencia de las empresas que queremos en nuestro presente.

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