Estrategias de prevención y afrontamiento de riesgos infanto-juveniles

Una guía excepcional para padres y madres de peligros en este ya no tan nuevo siglo

  1. VIOLENCIA DE GENERO 

Afrontar la violencia de género solo puede realizarse con visos de un cierto éxito desde una profunda educación ejercida en los distintos ámbitos.

Debemos cambiar mitos e ideas erróneas, como que el amor lo puede todo, o que la violencia de género es cosa de gente mayor, o la obligación de mantener relaciones sexuales.

Hay que educar desde todos los ámbitos en la capacidad de adaptación, de flexibilidad, de reestructurar cognitiva y emocionalmente. Trasmitiendo la importancia de la sonrisa, del humor para relativizar, para priorizar, para reírse también de uno mismo.

Enseñemos a descargar la rabia de forma no violenta. A aceptar la tristeza y el miedo sin temor al ridículo. Eduquemos en cómo afrontar la ruptura, en el autocontrol, en el autodominio, en redireccionar la frustración, la cólera.

Mucha de la violencia machista entre adolescentes se da en las redes sociales. Hay que educar a los niños para que preserven su intimidad en la red.

  1. ACOSO ESCOLAR

La escuela debe evitar la tendencia a minimizar la gravedad de las agresiones entre iguales.

Es importante implementar programas de convivencia, debatir las normas de régimen interno, favorecer metodologías participativas… Disponer de protocolos de intervención bien diseñados y preparados, para la pronta acción correctiva.

Los profesionales han de actuar sobre tres grupos de personas: profesores, familiares y estudiantes, buscando realizar una eficaz ‘sensibilización’ al problema.

La prevención y detención del acoso escolar se ha de trabajar desde los primeros ciclos, en los años de primaria.

Dentro del aula deben fomentarse valores de respeto, intervenir con presteza y crear con los alumnos figuras pacificadoras que actúen como intermediarios en la resolución de conflictos.

En la red, hemos de prevenir las amenazas a la privacidad. Los progenitores tienen una responsabilidad inexcusable sobre los hijos: hay que supervisar las conductas, e impedir las de riesgo.

  1. EL SUICIDIO

El intento de suicidio debe considerarse como muestra de una alteración y signo de una necesaria y urgente ayuda psicológica. La restricción del acceso a los medios utilizables para suicidarse es un elemento clave de la prevención del suicidio.

Los padres pueden ayudar a prevenir el suicidio con una buena comunicación con sus hijos, demostrándoles su amor, su apoyo en la vida, tienen que ser un ejemplo de saber tolerar las frustraciones, evitar las comparaciones, enseñándoles a afrontar y resolver los problemas…

Por su parte, los medios de comunicación no deben tratar las noticias de suicidios de forma sensacionalista, evitar dar detalles, que la información sea responsable y ética, que no aparezcan fotos del fallecido ni información sobre el método utilizado con detalle…

Existen los teléfonos de emergencia contra el suicidio como el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) y el Teléfono contra el suicidio de la Asociación de La Barandilla (910 380 600).

  1. SECTAS Y FANATISMO

Hemos de prevenir que los jóvenes sean abducidos por la sacralización extremista, al tiempo de desradicalizar ideas y desvincular del grupo a los ya integrantes, generando disonancia entre el grupo de pertenencia y el autoconcepto.

Eduquemos en los valores democráticos, de libertad, en la capacidad crítica, en la autonomía personal.

Cabe tratar al joven fanático intentando minar la inicial ilusión con la ideología, al tiempo de ahondar en el deterioro de las relaciones interpersonales que seguro se han producido.

  1. VIOLENCIA FILIO-PARENTAL

Esta denominada patología del amor, este tsunami relacional, demanda una mayor implicación de los organismos de salud mental y no solo de justicia, así como su inclusión en los seguros médicos.

No hay cabida para la negociación, sino para la reparación, la instauración de la justicia relacional. Resulta imprescindible el reconocimiento del daño consciente o inconsciente infligido.

Es a partir del vencimiento de miedos, de interpretaciones equívocas de hijos y de padres, de cambio de actitudes y posicionamientos que podrán modificarse en positivo los comportamientos individuales y relacionales.

Hay que trabajar con todos los miembros de la familia, implicándoles, fomentando la tolerancia y autorresponsabilidad, haciéndolo con criterio profesional, con medios humanos, medios logísticos, de forma intensa, positiva, comprometida, dilatada, sabiendo de las fases del proceso, de los distintos factores interactuantes, cabe compartir esperanza.

  1. DROGAS

Hemos de mostrar a los niños, a los adolescentes que la vida tiene que llenarse de objetivos, de sentido, que tiene que ser interpretada en sí misma. Es terrible que un menor abdique de su vida, que su horizonte sea la fuga de sí mismo en el cotidiano fin de semana.

Se precisa educación preventiva, oferta de ocio sano, normas claras y ejemplo positivo por parte de los adultos.

Facilitémosles una información real y objetiva de los riesgos del consumo de drogas y promovamos en ellos actitudes de cuidado hacia su salud. Por eso y con anterioridad hay que decirle al hijo: “Tienes un cerebro, dos pulmones, dos riñones y un hígado ¡Tú mismo! Educar en la auto-responsabilidad.

  1. NUEVAS TECNOLOGIAS

Para asegurarnos de que nuestros hijos hacen un uso correcto y responsable de las TIC’s deberemos formarnos en la medida de lo posible, en unos conocimientos básicos para poder orientarlos. Así como dar un buen ejemplo en su uso.

Eduquemos para ser saludable. Debemos realizar actividades conjuntas en familia que faciliten el diálogo y la relación, leer, hacer deporte; escuchar música, estar en contacto con la naturaleza, realizar algún tipo actividad creativa, campamentos.

Juguemos a videojuegos o naveguemos por Internet con ellos a la vez que comentamos y criticamos los contenidos favoreciendo la comunicación familiar.

Es importante conocer las cuentas de correo que manejan los adolescentes y controlar sus correos electrónicos, pero siempre cara a cara, los hijos también tienen derecho a su intimidad y han de ser conocedores de la obligada supervisión que ejercen sus padres por su propio bien y del hogar.

Aclararles el uso correcto del móvil, de no compartir imágenes suyas ni de sus amigos con otras personas, si reciben imágenes pornográficas o con agresiones entregárselas a sus padres o a la policía… Transmitir que “en internet tu imagen es de todos”.

  1. LUDOPATIA

Debemos los padres prestar atención y supervisión horaria y conductual que imposibilite el aislacionismo del joven y que se recluya en el juego.

Se precisa la labor de ayuda y fiscalización de la familia, además de cegar todas las fuentes de financiación, (se acabaron las tarjetas de crédito y la firma bancaria para cuentas corrientes).

Deben ocupar todo su tiempo libre. Buscando nuevas implicaciones personales y/o profesionales. Autoexcluyéndose tanto del juego presencial como “online”, a través de la Dirección General de Ordenación del Juego.

  1. ANOREXIA Y BULIMIA

Hay que supervisar los hábitos alimentarios de nuestros hijos, las restricciones,  hacer régimen puede conllevar fatiga intelectual y física, crear frustraciones que desemboquen en una anorexia o bulimia.

Acudiremos al especialista si se detecta un problema, pues en ocasiones se precisará tratamiento psicológico e incluso intervención médica aunque sea contra la voluntad del paciente.

  1. EL OCIO COMO CONTEXTO DE RIESGO

Es importante regular la publicidad de los locales, formar y corresponsabilizar a los profesionales de ocio nocturno, especializar a las fuerzas de seguridad, incidir en campañas preventivas, aumentar la sensibilidad social frente al acoso. Y lo primordial, desde preescolar hay que formar a los niños en la igualdad de género, en el respeto, en la aceptación de un no.

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