¿Cómo puedo proteger a mi hijo de los estereotipos de género?

Una de las claves para evitar estas expectativas de género en los más pequeños la
tenemos muy cerca; los adultos somos el reflejo de nuestros menores y debemos de
actuar con responsabilidad.

Cristina Botella Botín

Psicoterapeuta Familiar e Infantojuvenil
Cristina Botella Botín

En los últimos tiempos hemos presenciado cambios a través de fenómenos como el me too, desencadenados por la desigualdad que tradicionalmente vienen sufriendo las mujeres. Se está produciendo un cambio, y aunque cada vez parece haber mayor conciencia sobre el daño que genera la desigualdad, aún queda mucho camino por recorrer puesto que se trata de un fenómeno muy inmerso en nuestra cultura.

Aunque la desigualdad y los estereotipos de género han estado presentes en nuestra cultura desde siempre, es posible el cambio. Para ello es necesario hacerlo a diferentes niveles, tomando conciencia del problema e interviniendo a nivel individual, social y político.

Desde la psicología, es importante que reflexionemos sobre cómo afectan los estereotipos de género tanto a niños y niñas, como a los adolescentes y adultos. Desde la psicología infantil, insistimos a los progenitores sobre la importancia de la mirada que depositan en sus hijos e hijas, pues a través de ésta, los menores construyen su imagen sobre sí mismos. Es decir, un progenitor que crea que su hijo es inteligente, se relacionará con él transmitiéndole esa idea, por lo que ese niño podrá interiorizar esa
imagen como propia, y sentirse capaz e inteligente. Los padres y las madres son los espejos en los que los niños y niñas se miran. Así, el concepto que tengan los progenitores de sus hijos e hijas, afectará al autoconcepto y autoestima de estos últimos.

Los estereotipos de género modelan también las expectativas del adulto sobre el menor, pudiendo incidir en la imagen que éste construya sobre sí mismo. Por lo tanto, es fundamental que revisemos qué expectativas de género estamos transmitiendo a los niños y niñas.
Como padres y madres, se puede proteger a los menores de estas expectativas de género tomando conciencia primero de su existencia y adoptando medidas que incidan en cualquier ámbito de la vida del menor, como puede ser la ropa, los juguetes no sexistas, fomentando intereses en las niñas que tradicionalmente se fomentaban sólo en los niños, etc. Además, es muy necesaria la conciencia y voluntad política para adoptar medidas de calado social para favorecer la igualdad.

Y es que son numerosos los estudios que nos muestran cómo los estereotipos de género pueden dañar a los menores, siendo éstos peores en las niñas debido al afán de “protegerlas”, transmitiendo la idea de que son más vulnerables.

En una investigación publicada en 2017 en la revista ‘ Science ’, se preguntaba a niños y niñas si, cuando se les hablaba de una persona especialmente inteligente, creían que era de su sexo o del contrario. Cuando los pequeños tenían cinco años, no se observaban diferencias, sin embargo, a partir de los seis, la probabilidad de que las niñas considerasen que la persona brillante fuera de su sexo descendía.

Otro ejemplo es que, según los datos del último informe PISA de 2015 facilitados por la Unidad de Igualdad del Ministerio de Educación y Formación Profesional (MEFP), las niñas se creen menos capaces que los niños a la hora de alcanzar objetivos que requieran habilidades científicas. Según este informe, en España, los chicos, además de tener más confianza en sí mismos, consiguen mejores resultados que las chicas en este ámbito. Cabría preguntarse, por tanto, qué expectativas estamos poniendo los adultos sobre los niños y las niñas para que las segundas tengan menos confianza en sí mismas en este sector.

Otro dato sobre el que debe hacernos reflexionar es que, según este último informe PISA, sólo el 14,7% de los alumnos que empiezan Ingeniería Informática y el 30,5%, de quienes escogen los grados de Ingeniería, Industria y Construcción son mujeres. Sinembargo, las mujeres son mayoría en las carreras de Ciencias (53,5%) y de la Salud yservicios Sociales (72,1%). Esto podría estar asociado a las expectativas de género,mediante las cuáles esperamos que las mujeres ejerzan el cuidado de otras personas, con el consiguiente desgaste emocional que genera.

Por último, el estudio ‘ It Begins at Ten: How Gender Expectations Shape Early
Adolescence Around the World ’, asegura que los niños y niñas a muy corta edad
interiorizan muy pronto el mito de que las niñas son vulnerables y los chicos son
fuertes e independientes. Una de las conclusiones del estudio es que, durante la
adolescencia, el mundo se expande para los niños y se contrae para las niñas.

Es fundamental por tanto identificar los estereotipos de género para poder detener su
transmisión. Algunos de los más comunes son que las mujeres deben ejercer el
cuidado de los otros, que tienen menos habilidades científicas, que son más
vulnerables, etc.

Pero los estereotipos de género también afectan a los hombres, por ejemplo, con la idea de que no deben llorar ni mostrar su vulnerabilidad, que deben de ser el sostén económico de la familia – con la consiguiente presión que puede generar-, etc. Protejamos por tanto a los menores de la carga emocional que suponen los estereotipos de género, ayudándoles a liberarse de tener que responder a expectativas asociadas a éstos que no les corresponden y que pueden limitar su desarrollo emocional.

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