Cómo mejorar el bienestar emocional en el trabajo

El bienestar emocional, por lo tanto, forma parte de nuestro estado de salud y existe una interacción bidireccional entre la salud emocional y el trabajo. Los riesgos psicosociales son las condiciones presentes en una situación laboral directamente relacionadas con la organización del trabajo y su no social, con el contenido de trabajo y la realización de la tarea que se presentan con capacidad para afectar el desarrollo del trabajo y la salud (física, psíquica o social) del trabajador.

Elisa Sánchez Lozano

Psicóloga colegiada
Elisa Sánchez Lozano

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Según la OMS, la salud o el bienestar emocional es un “estado de ánimo en el cual la persona se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a la comunidad”.

 

 

Dentro de estos riesgos se incluyen:
– Las características de la empresa y del puesto de trabajo (tipo de actividad, horarios, turnos de trabajo, tamaño e imagen de la empresa)
– Estructura de la organización (estilo de liderazgo y comunicación)
– Características de la tarea (complejidad, volumen y ritmo de trabajo, monotonía y repetitividad, capacidad de iniciativa/autonomía y responsabilidad).
– Relaciones interpersonales: clima de trabajo e interacciones con los compañeros

Unas condiciones psicosociales negativas pueden derivar en consecuencias perjudiciales para la salud y para el bienestar del trabajador, como son la fatiga, el estrés laboral, el burnout, el acoso, etc.

Podemos considerar al estrés como el desequilibrio entre la percepción de las exigencias o demandas de una situación y los recursos para hacerle frente; nos sentimos estresados cuando la situación desborda nuestros recursos.

Según datos de la Agencia Europea para la Salud y la Higiene en el Trabajo, 40 millones de europeos (el 28%) padece estrés. La misma Agencia calcula el coste socioeconómico de esta dolencia, sólo en el ámbito laboral en 20.000 millones de euros, ya que el estrés está en el origen de la mitad de las bajas laborales.

La palabra “burnout” se suele traducir como “estar quemado” y aparece principalmente en profesionales que trabajan con usuarios, es decir, que desempeñan labores de ayuda, atención o servicio público, manteniendo un contacto constante y directo con los beneficiarios de su trabajo, como es el caso de profesores, personal sanitario, asistentes sociales, funcionarios de prisiones, etc. Este síndrome se caracteriza por un alto cansancio emocional (grado en que el sujeto se siente emocionalmente cansado y exhausto por el propio trabajo. Sentimientos de estar sobrepasado y agotado por el trabajo), alta despersonalización (mostrarse distanciado, con falta de sentimientos y poca respuesta hacia los que reciben el servicio) y baja realización profesional y personal (bajos sentimientos de competencia y éxito profesional).

La Fundación Europea de Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo, afirma que el 20% de los trabajadores europeos tiene niveles elevados de Burnout.

Podemos definir el acoso psicológico en el trabajo como la “exposición a conductas de violencia psicológica, dirigidas de forma reiterada y prolongada en el tiempo, hacia una o más personas por parte de otra/s que actúan frente aquella/s desde una posición de poder (no necesariamente jerárquica). Dicha exposición se da en el marco de una relación laboral y supone un riesgo importante para la salud”.

Estudios realizados recientemente nos dicen que en Europa hay unas 12 millones de personas afectadas por acoso, que es un 8% de la población activa.

Junto con la inestabilidad de los contratos y la jornada, otra situación laboral actual que genera mucha preocupación es la conexión digital, el estar permanentemente conectado a través de los dispositivos.

¿Cómo podemos aumentar el bienestar emocional?
Desde la organización se pueden poner en marcha medidas como: reasignar el trabajo para reducir la carga de trabajo, flexibilidad en la ubicación del trabajo y el tiempo asignado para realzarlo, para fomentar la conciliación, formación a mandos en comunicación y liderazgo, aplicar una política de tolerancia cero respecto del acoso, la intimidación o la discriminación en el lugar de trabajo, etc.

Para los trabajadores, las principales recomendaciones: gestión adecuada de las tareas (mejora de habilidades, organizar y planificar las tareas, evitando la multitarea, realizar técnicas de relajación, respiración y meditación), cuidando las relaciones con los compañeros (fomentando el trabajo en equipo y la colaboración, compartiendo información de forma clara y concisa, ofreciendo ayuda y apoyo a los demás, manteniendo una actitud positiva y proactiva, etc.) y favoreciendo un entorno positivo (desarrollando hábitos saludables; en especial cuidando la alimentación, el descanso y ejercicio físico; así como aplicando una conciliación que permita una corresponsabilidad en las tareas familiares y domésticas, etc.).

Actualmente se tiende al concepto de empresa saludable: aquella que cuida la salud y el bienestar de sus trabajadores, de sus familias y del entorno social.

Las organizaciones comprometidas con la gestión de la salud de sus empleados obtienen importantes beneficios; de forma concreta, se ha estimado que por cada euro invertido en prevención la organización se ahorra: entre 2,5 y 4,8 € en absentismo y entre 2,3 y 5,9 € en costes de enfermedad.

Por último, añadir que el fomento de la salud emocional en el trabajo tiene otros muchos beneficios difíciles de monetizar, puesto que fomentar los recursos de salud evita malestar y problemas a las personas. Si los empleados son el recurso más valioso de sus organizaciones, entonces invertir en su bienestar es la mejor opción posible.

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